These broken hands of mine

martes, 12 de julio de 2011

Life In Letters

Aunque me duela aceptarlo, eres una de las partes que más quiero en mi vida. Y aunque no sé cuál es el final de todo esto (porque aunque yo quiera un final feliz, esto es una decisión conjunta), tengo la necesidad de contarte lo que he aprendido en este corto tiempo, y que espero me dejes poner en práctica igual que muchas otras cosas más que tengo planeadas.

- Confiar más en ti es algo que jamás me he propuesto. Pero confiar ciegamente en ti, y no dejar espacio a dudas ya no es una propuesta sino una meta.

- No publicar cosas en redes sociales de las que después me puedo arrepentir.

- Aceptarte y quererte tal como eres, no como lo que espero llegues a ser estando conmigo. Sino, ¿para qué estar contigo si no me gusta como eres? Y la verdad, es que todo tú me gusta mucho, y de eso estoy enamorado.

- Comprenderte más y ponerme en tu lugar, porque nunca he estado consciente de que en verdad jamás he hecho esto.

5 Vocales, 4 moralejas.
Hay que seguir aprendiendo, siempre se puede aprender algo nuevo.

"A is the almonds and B makes it better. C is creating your life in letters". (Lucy Schwartz)

miércoles, 29 de junio de 2011

El fuego de la salamandra

Los sillones de mimbre alrededor de la salamandra encendida, chillaban cada vez que alguien se sentaba o se ponía de pie, y a medida que le iban echando más leña al fuego, y se calentaban aún más los palos tallados, iban chillando cada vez más. Era una pieza larga que hacía de cocina, comedor y living, con el suelo de cerámica rojiza y una mesa donde fácilmente cabían cuatro personas y habían tres tazas de te a medio tomar, con la panera en el centro, el frasco del café y el tarro del azúcar. Entonces ella se paraba, se sentaba, se acomodaba, se volvía a parar, le daba un sorbo al te y seguía riendo con el primo y la tía. La tía estaba siempre ahí para ella, y ahora se calentaba al lado de la estufa. El primo venía de vez en cuando, pero la última vez que lo vio fue a fines de febrero, para una once familiar bajo el parrón que tenían en el patio. La tele estaba encendida, las luces alumbraban la cocina-comedor-living y de repente ella miraba hacia afuera por la ventana que estaba sobre la estufa, esa que daba directamente a la casa de su amor de la infancia. Y cuando la tía la ve mirando por la ventana, le pregunta si lo irá a ver, y ella cruza los brazos: no, porque él fue el que cambió después que ganó dinero con su trabajo, y se convirtió en un arribista. La tía gira la cabeza y mira por la ventana hacia la nada: tiene razón. El primo se echa hacia atrás en el asiento de mimbre y se pone una mano en el mentón para hacer una pregunta: desde cuándo que no habla con él. Ella levanta los pies, los pone sobre el sillón de mimbre y se sienta sobre sus piernas: la noche anterior estuvo en el hospital, y ahora no la ha llamado en todo el día. Apoya las manos en los brazos del sillón: está enojada porque cada vez que él hace algo por ella, se lo saca en cara; saca las manos de los brazos del sillón y se las pasa por el pelo: llevan un año y meses pololeando y el último tiempo ha sido un infierno. Saca las manos de su pelo y se las lleva a la cara: hace rato que quiere terminar con esto.
El primo apoya las manos sobre los brazos del sillón: pide disculpas por opinar sin haber estado ahí todo el proceso. Frunce un poco el ceño, toma aire: pregunta si puede ser honesto. Ella se acomoda las manos en el vientre y sonríe: responde que por favor sea honesto. Él cruza la pierna derecha sobre la izquierda y alza una mano: le dice que en las cosas del amor, lo que no le hace bien, entonces la destruye. Se levanta un poco, se acomoda en el asiento, rechina el mimbre: si esto le está haciendo mal, entonces no hay razones para que se siga auto destruyendo. Ella mira de nuevo a través de la ventana, cruza los brazos, pierde la mirada: tiene razón, esto le está afectando mucho más de lo que esperaba. Hace un movimiento rápido, algo la altera, lleva su mano hasta el bolsillo: vibra su celular. Pone el aparato a la altura de sus ojos, lo mira y sonríe maliciosamente: es un mensaje de él. Gira la cabeza, mira a la tía y ésta le devuelve la mirada: ambas sabían que tarde o temprano el individuo se dignaría a aparecer. El primo se cruza de brazos, le devuelve una sonrisa y se acomoda en el asiento para poder captar mejor el calor de la salamandra: como le gustaría poder estar más cerca de la prima.

ABeCeDario

Le dijeron que escribiera, como en el colegio, lo que había aprendido en todo un semestre. Y como en el colegio lo que más recuerda haber aprendido eran las letras, pensó en cómo hacer para explicarlo de manera creativa, y recordó cuando pasaba adelante y recitaba el abecedario. Pero ahora no podían ser letras porque es un estudiante universitario, aunque lo imaginó en su mente y quedaría algo como que las tres primeras letras, A,B, y C, serían algo así como primero no hacer introducciones largas e inconclusas que no le gustan a nadie. D, E, y F es algo así como todo el proceso de aprender a describir una escena para partir un reportaje: el cuadro inicial, las descripciones del lugar, lo que hay alrededor y cómo situar la historia en un contexto determinado para partir.  G, H, I, J y K es las voces dentro de un texto: todos los personajes, que pueden ser muchos, tienen una propia voz que cuenta una historia, y muchas veces no es necesario que quien escriba ponga su voz, sino que los mismos personajes pueden contar lo que quieren contar.
L, M, N y Ñ es tener siempre presente que un texto se escribe en tercera persona, porque la primera persona es fea y suena mal (no es que lo hayan enseñado así, pero él lo aprendió así); O, P, y Q es la cacofonía: leer bien el texto antes de terminarlo para cuidar que lo que se escribió no suene repetitivo o mal. R y S es usar sinónimos para no repetir siempre las mismas palabras y no contribuir a la cacofonía, T, U y V es aprender a crear títulos creativos y que enganchen a quien va a leer el texto, porque de lo contario nadie se animará a leer lo que se acaba de escribir.
Y finalmente, las olvidadas y no por eso menos importantes: W, X, Y y Z, que son cuidar muy bien la redacción, y leer ochenta veces lo que se escribió para detectar errores.
Cuando lo tuvo listo pensó en imprimirlo, decorarlo y pegarlo en la pieza para nunca más olvidarlo. Pero después se le olvidó imprimirlo, y olvidó incluso que había escrito todo esto.

domingo, 15 de mayo de 2011

Feliz Aniversario, Cariño

Tengo una fijación especial con la música de Abba. No sé qué específicamente, pero recuerdo que empezó porque en las reuniones familiares de la familia de mi mamá, siempre se acordaban de la canción "Chiquitita", ya no recuerdo por qué, y acto seguido mi mamá llegaba a escucharla en el equipo a la casa, después de los malos comentarios de mi papá apenas salíamos de la reunión (sí, salía pelando). Tenía cinco años, y desde entonces que no recuerdo una reunión familiar que quede en mi memoria y me haya marcado tanto. Bueno, tengo otras, pero no me marcaron precisamente por lo lindas (sólo puedo decir que de una intenté salir huyendo en bicicleta, y terminé llamando a mi tía para que viniera a rescatarme, porque de verdad quería huir). 
Ayer cumplía un año de "matrimonio" con mi esposa. Somos esa pareja que en verdad no tiene matrimonio, que no se han casado, y que ni siquiera escribimos los votos, hay sólo un mutuo acuerdo de palabra. Pero el día que me divorcie de ella, va a quedar la cagá, yo lo sé. El tema es que queríamos hacer algo "grande", y "conmemorativo", pero a mi señora esposa la retuvieron en casa para un asado familiar, y no encontró nada mejor que llevarme con ella. Me basta con resumir que a la salida del ascensor del edificio donde estaba el departamento en cuestión, le dije "tengo miedo"; se dio vuelta, me miró con cara de "en serio", y tocó el timbre.
Lo siguiente que recuerdo es a mi sentado en una silla, viendo a todos discutir respecto de si la dictadura fue o no necesaria para Chile, según el período que se estaba viviendo. Después de eso, reírme de la batalla de "Montoncito" ("El Nervioso" para los del siglo XXI) entre los padres de Cariño, fue prueba suficiente de que no importa quién haga más trampa: no hay motivos para convertir un simple juego, en una densa batalla por la victoria. 
Muchas veces antes había vivido esas mismas situaciones, con una familia hablando de un tema, o jugando a lo que sea. Pero esta vez, nadie peleaba por tener la razón: era simplemente un intercambio de opiniones, donde no tenía que haber un ganador, donde nadie era excesivamente agresivo para imponer su forma de pensar y que todos le reconocieran que estaba en lo correcto. Creo que pocas veces he estado en presencia de una conversación familiar donde el fin único y exclusivo es compartir ideas, no imponer las mismas. Es por cosas como esa que las familias terminan lanzándose tomates unos contra otros, llamando a carabineros, o con hijos llamando a su otra familia para que los vayan a rescatar.
La tarde de ayer no fue una tarde con otra familia: fue darse cuenta que hay algo más que familias tóxicas en la burbuja. O bien, que hay algo más afuera de la burbuja, y es que precisamente a eso a lo que quiero llegar. En mi vida no hay ambientes familiares gratos, ni momentos especiales recordados para siempre. Es más, hay momentos complicados, difíciles de traducir, donde todo es oscuro e infla aún más la burbuja. Pero es una ayuda enorme, darse cuenta que a veces hay lugares donde eso no cabe, porque si bien todas las familias tienen sus problemas, la vida misma no tiene por qué ser siempre un problema. ¿Entienden ahora por qué prefiero huir lo máximo posible de mi propia familia? Es posible que ayer no hubiera música de Abba sonando en el ambiente, pero ¿era necesaria la música de Abba?
Gracias por la tarde de ayer señores Prieto Pimiento. Sin saberlo, no saben de qué manera me han ayudado.
Cariño, me diste un regalo ayer que probablemente nunca terminaré de retribuirte.
Pero por ahora, sólo puedo decirte que jamás te abandonaré, aunque seamos dos viejos cascarrabias que se odien entre ellos, ceniles, pestilentes y decrépitos.
Feliz Aniversario, Cariño :3

sábado, 23 de abril de 2011

Velos como personas...

Cierra los ojos. Respira profundamente, y pon la mente en blanco. No pienses en nada, ni en nadie. Abre los ojos de nuevo, ¿qué ves?
Si ves gente, más gente, volteas y ves aún más gente, entonces inténtalo otra vez, pero ahora convierte ese espacio en blanco en palabras, y sigue las siguientes instrucciones:

Imagina una figura sin forma en tu espacio en blanco. Dale forma; pero no una definida: dale manos, pies, piernas, brazos, dedos, uñas, una cabeza, y en esa cabeza ponle ojos, una nariz, una boca, orejas. No le pongas pelo, en ninguna parte. Ni siquiera pienses en el color de los ojos, no trates de darle una forma definitiva.

Ahora, míralo bien. Detente en sus detalles, en su forma indefinida. ¿Qué ves?
Si no lo sabes, yo te lo diré:
No ves gente.
No ves una raza, un color, una cultura, ni una tradición.
No ves el paso del tiempo, no ves sus heridas físicas.
No ves a alguien enojado, ni estresado.
No ves a alguien con maldad en sus ojos,
no ves lo que hay en sus ojos.
No ves a alguien que te de problemas,
no ves a alguien que produzca dinero,
ni a alguien que tenga que hacerlo para sobrevivir.
No ves a alguien enfermo físicamente.
No ves a alguien que pueda atacarte o herirte.
No ves gente.

Deja de ver gente. Empieza a ver personas.
Empieza a ver qué es lo que hay detrás de todas esas heridas, de todas las líneas de su cara y de su mano, y de todas esas formas de ser que tanto pueden molestarte.
Empieza a ver  qué es lo que se esconde detrás de cada gesto, detrás de cada sonrisa y cada ceño fruncido.
Empieza a ver qué hay detrás, y tal vez puedas dejar de ver gente.
Pero lo más importante: deja de ver gente, empieza a ver personas.




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"Deja de Odiar. Odiar no sirve para nada".

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los títulos siempre son difíciles. No webee

 

Una mañana despertó y estaba viva. Era una mañana soleada, con ese sol seco que pega tan fuerte que dan ganas de dejar de hacer lo que se hace y regresar al estado de inactividad que se estaba. Pero su hasta entonces madre no podía dejar así no más lo que estaba haciendo. Estaba dando a luz a cuatro cachorros bien parados, manchados café sobre el pelaje plomo, que en sus vidas futuras cazarían conejos, acompañarían ancianas, serían sabuesos criadores de niños, y el infaltable callejero. Pero para ella no era un problema ser callejera, sino más bien, era todo un dilema haber nacido una mañana de sol seca, porque no tendría nada interesante que contarle a sus nietos cuando éstos le pregunten por su nacimiento. Y aunque no tenía hijos que le dieran problemas todavía, vaya que era importante pensar en las historias que se le iban a contar a los nietos.

A pesar de todo, era una perra afortunada. Era de esas que nació de una perra suelta que se cruzó con el primer perro que le movió mejor la cola. Y como no, si fue el que más la defendió cuando la jauría se acercó a ella. Entonces no se hizo de rogar e hicieron a los cuatro perritos. Nacieron en una iglesia, y eso fue toda una fortuna porque en lugares como esos el espíritu santo y el señor resucitado movía los corazones de los fieles hasta el punto en que unas orejas caídas conmovían hasta al alma más irrompible. Así sobrevivieron hasta que a su mamá le dieron vidrio molido por robarse los cortes de la carnicería de enfrente. Cuando los cachorros quedaron solos empezó el remate, pero nadie iba a querer a otra perra suelta más, así que no le quedó otra que quedarse ahí.

Los niños le llevaban dulces. Las señoras uno que otro pancito, y el cura le daba el desayuno cuando llegaba, y la cena cuando se iba. A cambio de eso cuidaba a los santos depresivos. Nunca logró entender por qué la gente sufría tanto allá adentro. Pero después entendió que eran cosas duras que no se movían, que no hablaban y que no eran iguales a esas personas que le daban que comer. Para sus amigos perros era reina y señora del lugar. Nadie se metía en su territorio. Ni siquiera el perro más guapo a sus ojos, y es que los perros tienen muy arraigada esa cosa territorial que marcan con sus ganas de ir al baño. Ella era la más conocida de la cuadra, y todos sus amigos perros también la querían mucho, porque cada pancito que le tiraban las señoras, ella no se lo comía: se lo llevaba al patio de atrás, y llegada la noche hacía un hueco enorme bajo la reja para que entraran los más hambrientos y repartían su propio pan en partes iguales. Una vez uno quiso pasarse de listo, pero ése nunca más volvió a entrar.

Nunca atacó a nadie. Era sola, bien parada y de un genio intratable. Pero todos sus amigos sabían que podían contar siempre con ella. Porque era la perrita que dormía al lado del niño Dios en el pesebre para navidad, debajo de las luces de colores.

 

dog

sábado, 11 de diciembre de 2010

PASEO DE DOMINGO

(PERSIGUIENDO UN GLOBO)

Cuando el sol cayó sobre las puntitas menudas y agudas del césped, las familias decidieron salir a pasear. Y como iban a ser ellos la excepción: sintieron el calor del sol y pensaron que tal vez al pequeño le gustaría salir a mirar la naturaleza. Y después del almuerzo, la familia feliz se decidió a salir a compartir con las demás familias felices: era un parque especialmente creado para dar una caminata un domingo por la tarde, tomar algo de aire fresco y luego regresar a casa para continuar la rutina.

Las abuelas sonrientes cuentan sus experiencias a sus nietos, mientras los llevan de la mano a través del suelo de maicillo, ese que hace que los niños que juegan a la pelota donde no deben hacerlo, se caigan y se raspen las rodillas. Es un camino largo, rodeado de árboles inmensos que dan sombras que nadie se preocupa donde inician y donde terminan, y que además, con sus hojas moviéndose en dirección paralela a la orientación del viento, brindan oxígeno a los kilómetros de área verde que acogen a las parejas enamoradas cuando buscan algo de paz y se recuestan durante horas a solo mirarse y besarse.

De la mano llevaban al niño, que arrastraba los zapatos Bubble Gummers talla 8 y lo mezclaba con el polvo del asesino material. Vestía como un adulto: bien peinado, sobre los zapatos miniatura se dejaban caer unos jeans arremangados en la basta. Una camisa a cuadros color café, abierta en el pecho, y sobre el cuello una sonrisa sin dientes que mostrar. Los padres orgullosos saludaban a sus vecinos con una sonrisa, y devolvían luego la mirada a su retonio, que de la nada proliferó un grito escandalizador cuando divisó a lo lejos a un “guau guau” de pelaje sucio y mal oliente, que apenas vio al niño decidió huir para no tener problemas con sus tutores.  Pasada esa distracción, siguieron caminando, abriéndose paso entre los vendedores de algodón de azúcar, y un vendedor de globos que llevaba una amplia gama de colores y tonalidades, especialmente creado para atraer a los niños como el enano, que pudo ver su cuerpo minúsculo de todos colores cuando el látex de los globos filtró los rayos del sol. Le compraron uno y ahora la sonrisa de la “güagüa” era más grande y más desierta.

Un colega de él los detuvo para conversar un minuto. Hablaron de la vida, de las familias, del dinero, la corrupción, el transantiago y la huelga del metro. Ella se quedó con la esposa compartiendo historias de dueñas de casa.

En todo ese lapso, el niño dejó ir su globo, e inocente lo siguió desde su altura, con las manitos hacia el cielo y llamándolo en su idioma para que volviera. Caminó sin rumbo hasta perderse entre los enamorados. Los sobrepasó, llegó a la calle. Y cuando el papá exclamó lo desconsiderados que eran los choferes del metro, y la mamá quiso hacer notar la hermosura de su hijo, notaron que lo único que les quedaba era uno de esos minúsculos Bubble Gummers.